Historias de Personajes Populares

Como en toda ciudad, Barquisimeto en sus inicios, ha contado con personajes que han sido muy conocidos entre sus habitantes cada uno por sus historias realmente particulares, así, en MiBarquisimeto realizamos una investigación acerca de algunos de estas pintorescas personas que han habitado nuestra ciudad y sus alrededores, les contamos acerca de algunos de ellos.
La Veragacha
Se cuenta que “La Veragacha” con su larga vara al hombro, marchaba diariamente por las calles de Barquisimeto atizbando por todos los lados para ver que muchacho la llamaba por el sobrenombre.
Para provocar sus cóleras se formaban grupos hasta de veinte muchachos que le gritaban: “Veragacha, Veragacha…”, lo cual la llevaba a un estado de excitación cuando esgrimía como una lanza vara y vestía con sus harapos y descalza, perseguía a los muchachos que se refugiaban en los zaguanes de las casas o cualquier otro lugar como trepando por los barrotes de las ventanas.
La Veragacha es uno de los personajes populares más conocidos en Barquisimeto y sus alrededores, tanto que varios escritores han realizado canciones de su historia, esta es una de ellas.
Rosita “La rabo e’ Chivo”
Ella era una mujer muy pintoresca, la cual padecía de un delirio paranoico o idea fija. A este respecto decía que había tenido la proposición de matrimonio de parte de un caballero muy gentil, pero que una tal Micaelina enfrentó todo el vecindario, contra ella, calumniándola, terminando con “los crespos hechos”. Los muchachos se divertían a expensas de su preocupación y, para provocar su mortificación, le preguntaban con calculada malicia:…-“Rosita ¿y la corona?”
Al conjuro de esta intencional pregunta, se sobresaltaba y maldecía a la supuesta Micaelina, al barrio murmurador y los rayos de su cólera caían sobre todas aquellas personas que habían imposibilitado su matrimonio. Pedía limosna de casa en casa, vestía harapos y sus pies descalzos, constituían una madriguera de niguas.
El Pato Güirirí
Sus ademanes eran afeminados. El hablaba y los gestos con que acompañaba sus sencillas conversaciones acentuaban el concepto, es decir; no se ponía en duda sus desviaciones; pero era muy servicial; jamás se negó a ama de casa alguna para hacerle mandados a las bodegas y farmacias de Barquisimeto, generalmente por los alrededores de la plaza Lara, plaza Bolívar, por la calle “Ilustre Americano” (actualmente carrera 17) desde la calle “Planas” (hoy 22) hasta la “5 de julio” (calle 30) que era por donde se le veía caminar y mover sus “flacuchentos” glúteos (sobre todo si había hombres parados en las esquinas o sentados en los bancos de las mencionadas plazas).
Se llamaba Ezequiel, nacido en Quibor. A veces alguien repetía el refrán: “Quiboreño, como auyama con empeño”; Ezequiel se molestaba y hasta se le escuchó responder: …-”¡Ah, no!, mijito, serán otros, ¡porque yo soy quiborense!. También se cree que se sentía orgulloso de su gentilicio, pues muchas veces repetía: …” Yo no soy andino, pata e’ cochino, yo soy muy larensio” (cabe destacar era totalmente analfabeta). Se volteaba coquetamente y se iba caminando con su consabida meneadera.
Por otras las cosas referidas, no se pudo averiguar su apellido; además de esto, el 90% de los vecinos de las soleadas calles barquisimetanas para la época, le conocían por su sobrenombre “El Pato Güirrirí”.
Este es el cuento que se tiene de el:
Dicho fulano había regado el estar enamorado y ser correspondido por Hugo, apuesto joven perteneciente a honorable familia y estudiante del Colegio “La Salle”. Una mañana, cuando casi todos los estudiantes de la cuadra salían hacía sus respectivos colegios, Ezequiel pasaba con una pequeña cesta; después se le vio trastabillar y caer hacia el medio de la calle (él por un lado, la canasta por el otro), también su pudo notar que otros estudiantes sostenían a Hugo, rojo de rabia, ¿Qué hizo? ¿Qué dijo “El Pato Güirrirí” cuando se vio frente a Hugo? No lo supo nadie. Lo cierto fue que Hugo descargó un tremendo puñetazo al amanerado y todos acudieron para contenerlo; pero luego tuvieron que redoblar fuerzas y mañas, pues aquel infeliz, desde el suelo, entornando los ojos con cierto aire de despecho, resignación y hasta perdón, exclamo: …”-¡Manque me peguei, te quiero y te quiero!-“…
Por la ciudad circulaba una coplilla, la cual incluía música:
“Allá viene el Pato
De Barquisimeto
Amarillo y flaco
Todo patuleco”
Que, aunque no hubiese sido escrita para Ezequiel, coincidía con sus características.
Otro aspecto curioso de este personaje, parecía no hacerle caso a quienes le gritaba “Pato Güirrirí”, que lo hacían distinto a otras figuras populares.
Todos afirmaban:”Se sabía ‘pato’… y punto”.
Juanita Pinto
Se dice que Juanita Pinto, pedía limosna por las calles de Barquisimeto, prefiriendo que se la dieran en comida para alimentar la cantidad de perros que la acompañaban y cuidaban de su vivienda que no era sino las arcadas del Puente Bolívar, “Cuando Juanita, seguida de su cortejo de perros cruzaba las calles de Barquisimeto cumpliendo la obra de misericordia de “dar de comer al hambriento”, no pocas veces los muchachos del pueblo y los niños bien que salían de la escuela, la molestaban con sus burlas y rechiflas, a lo que ella, sin enojo visible, respondía: ‘todo sea por amor a Dios“.
Un diciembre murió Juanita Pinto y desde ese día “los perros esperaron impacientes bajo las arcadas del Puente Bolívar el retorno de la que se había ido para siempre y que en las noches de luna, cuando la ciudad duerme y sus techos se cubren con un velo de plata, el lastimero aullido de los perros rasga el silencio a manera de réquiem por el alma de Juanita Pinto”.
De ella escribió don Eligio Macías Mujica lo siguiente: “Si en la historia hospitalaria de Venezuela, aunque parezca paradójico el parangón, dada las atenciones y cuidados maternales que Juanita Pinto prestaba a los canes, podemos decir que la ciudad tiene la credencial de ser la única, acaso, en la cual ha existido en nuestro país un hospital de perros perfectamente organizado. Decimos así, porque Juanita Pinto, no sólo proveía de comida y remedios a los sabuesos sino también de camas, hamacas, sillas, etc. San Lázaro, patrono y abogado de los galgos, debe tener a Juanita en santo lugar“. (Macías, op., 159).
Información tomada de El Diario El Impulso.






